| [ | Me siento... |
| | calm | ] |
Hace mucho que no escribo, quizás porque he andado bastante ocupada (que es cierto), pero en parte porque hace ya tiempo que me cuesta bastante escribir, como si me diera miedo poner mis pensamientos en orden. Tengo la sensación de que hace una eternidad desde que me expresaba a través de este blog, cuando contaba mis altibajos en la lucha contra mi enfermedad. Han pasado muchas cosas en mi vida durante todo este tiempo, algunas muy buenas, otras no tanto. Prácticamente “he vuelto a la normalidad”, por así decirlo, como tanto deseaba. He vuelto al trabajo, al ocio de los fines de semana… he tenido mis viajes, mis historias… da la sensación de que todo hubiera ocurrido hace muchísimo, muchísimo tiempo. Sin embargo, aunque al principio todo era increíble, y me veía envuelta en una espiral de felicidad, estos últimos meses han sido bastante complicados, ya que la sombra del cáncer no me ha abandonado del todo. No estoy enferma físicamente (o eso espero, de todas formas en febrero vuelvo a tener revisión), pero mi cabeza en ocasiones me juega malas pasadas. He cambiado mucho en este tiempo, soy más fuerte en muchos aspectos, pero también hay otros en los que me siento tremendamente débil, y supongo que a nadie le gusta enfrentarse a ello. Desde el verano aproximadamente hay momentos en los que siento mucha ansiedad, y a veces me cuesta compartirla, ya que “se supone que ya estoy bien, que tengo que pasar página y olvidar todo lo relacionado con el cáncer”. Es como si ahora que ya no estoy con la quimio, no tuviera derecho a sentir miedo, o a hablar de ello, pero sin embargo lo tengo, y creo que ya es hora de aceptarlo. De hecho, en estas líneas (que nadie creo que lea del todo dada su extensión), voy a tratar de enfrentarme a mis temores y ponerles nombre y apellidos. Aunque lo negara, está claro que el principal temor siempre será el de poder recaer, que no es algo que esté pensando a todas horas, ha tenido algunos efectos en mi. Me he dado cuenta de que desde que me dijeron que estaba en remisión, me he comportado como si me faltara tiempo, y en cierto modo creo que sigo haciéndolo. Es como si tuviera que aprovechar cada momento, y mi cerebro no pudiera dejar de funcionar. Eso tiene su parte buena, ya que he hecho muchísimas cosas en todo este tiempo, pero también es cierto que acelerarse tanto, lleva aparejado antes o después cierto cansancio emocional. Es como si desearas comerte el mundo y pudieras con todo, pero nadie es capaz de ello, ya que todos tenemos nuestras limitaciones. Entre ellas y principalmente el cansancio físico, que no me ha abandonado del todo desde que finalicé el tratamiento. Me he dado cuenta, y es algo que en ocasiones también me genera mucha ansiedad, de que en muchas ocasiones no puedo seguir el ritmo de los demás. Puede ser tanto en un simple paseo, como en una noche de fiesta, o incluso durante algún viaje. Normalmente trato de disimularlo, es como si al quejarme acrecentara esa debilidad, pero es algo que en ocasiones me hace mucho daño a nivel emocional. En esos momentos me siento inferior, limitada, y llegué a pensar que era mi propio subconsciente el que me generaba ese cansancio, que era algo psicológico y no real. “Yo también estoy cansado/a”, “Eso es el calor”, “Quizás si hicieras deporte”… me he acostumbrado a escuchar, y llegué a creer todo ello, y tratar de poco a poco ir superando esa barrera. Parecerá una tontería, pero muchas veces es algo muy frustrante para mí, el hacer algo que antes no suponía ningún esfuerzo y estar después derrotada durante horas (o en ocasiones días). Como he comentado llegué a pensar que era psicológico, pero finalmente descubrí que no era cierto, y ello me hizo sentir mucho mejor. Por un lado, fue la psicóloga de AECC, que me estuvo comentando que si había gente que con tratamientos similares a los míos después conseguía una pensión de invalidez… ¿Cómo no me iba a sentir cansada tratando de llevar una vida relativamente normal? Posteriormente mi hematóloga y el doctor que me trataban en radioterapia insistieron en el mismo sentido. Me hizo mucho bien descubrir todo aquello, pero en ocasiones me sigo cabreando cuando veo que no puedo, y al mismo tiempo odiándome por quejarme por ello, en lugar de no seguir celebrando mi remisión. ¿Qué es una pequeña secuela al lado de una recaída? A veces somos sin quererlo terriblemente egoístas. Bueno, voy a darme una ducha y ya seguiré con mis debates emocionales. Este fin de semana ha sido muy intenso, y lo he pasado realmente bien. Aunque en todo lo que he escrito predomine el talante triste, tampoco quiero darme el pego con ello, ya que también hay muchos momentos en los que me encuentro muy bien. Por ejemplo aún sigo cada mañana sonriendo cuando el amanecer a la carretera merece la pena, o disfrutando como una cría cuando cojo entre mis manos un pincel (o al mirar mis manos manchadas de pintura). Son muchos sentimientos contradictorios, cosas positivas pero también algún que otro ataque de ansiedad, y creo que es bastante productivo pensar y escribir sobre ello. No sé, me da la sensación de que nadie ha llegado leyendo hasta aquí, si alguien lo ha hecho que diga “macarrones” como en aquella película… a veces no es necesario nada más. A ver si me animo y sigo escribiendo estos días. Grandes soluciones a pequeños males… |